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Esta historia comienza con un GIF que mi abuela hizo para el día de toma de conciencia contra maltrato a personas mayores.

La vieja empoderada es Nilda. Ella es mi abuela y tiene 71 años.

Desde que se jubiló nunca la vi quieta. Hizo desde jabones hasta cuadros. Pasó por el yoga y superó su miedo al agua con la natación. Nos hizo numerosos “dechados”, como ella le llama a sus tejidos, y muchísimos vestidos.

Cada tanto se hace un viajecito por el mundo acompañada de mi abuelo Raúl, su fiel compañero (aunque también se ha ido sola). Van acompañándose desde siempre, incluso cuando él enfermó, ella se mantuvo inquebrantable a su lado. Y así siguen unidos.

Hoy en día ella es secretaria de la iglesia del barrio, sigue sus clases de yoga, cuida a sus nietos y nietas, además de asistir a la facultad.

La idea de contarles esto surge a partir de recibir, por Whatsapp, un mensaje suyo con una imagen que hizo en Adobe Photoshop; programa que está aprendiendo a usar. Aquí se los dejo:

En realidad, siempre me manda los trabajos que hace para sus cursos, solo que esta vez tuvo un tinte especial: lo hizo pensando en el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. Aunque probablemente mi abuela no lo sepa, ese GIF representa una reivindicación de la vejez: ella se apropió de la tecnología, rompió prejuicios y alzó su voz.   

Nilda es la típica vieja empoderada. Me encanta escuchar cuando ella y sus amigas reclaman mejor calidad educativa. Conoce sus derechos y vive un envejecimiento activo pleno. Es una ciudadana que participa de los diferentes espacios sociales, ejerce sus obligaciones como tal y sigue contribuyendo activamente en la sociedad. Sin embargo, la realidad de mi abuela no se extiende a todas las personas mayores. Muchas no cuentan con la protección, la seguridad y la atención que necesitan.

Un ejemplo de esto es Ernesto, el abuelo de una de mis mejores amigas.

Ernesto vive en un geriátrico desde hace 5 años. Mi amiga va a visitarlo una o dos veces por semana. Su tristeza no se disimula cuando la veo luego de esos encuentros. Su abuelo ha visto desmejorada su calidad de vida desde que está allí: se enferma seguido, a veces lo encuentra desabrigado o con la ropa de otras personas, enojado por haber comido varias veces la misma comida. Sin embargo, su realidad es bastante mejor que la de otras personas mayores que viven en pésimas condiciones. Incluso Ernesto es bastante “afortunado” por tener un geriátrico habilitado en el que puede vivir.


Lo que amarga de esto, es que el Estado argentino firmó hace poco más de un año la Convención Interamericana sobre la Protección de las Personas Mayores, que lejos está de cumplirse. Según los números del último censo, el 11,2% de la población de Córdoba tiene 65 años o más. Esto se considera envejecimiento demográfico. Sin embargo, eso no se traduce en políticas públicas que prioricen a personas como Ernesto; y las posibilidades de una vejez activa dependen en gran medida de la personalidad y del entorno familiar. Las percepciones y representaciones, generalmente negativas, ligadas a la vejez, probablemente lleven a no considerar a las personas mayores como partícipes activas, productivas y plenas de la sociedad, tal como lo establece la Convención.

Las políticas no son adecuadas para que las personas mayores puedan gozar de sus derecho dignamente en la vejez. Las leyes que regulan el funcionamiento de las residencias geriátricas ponen énfasis en cuestiones físicas de los establecimientos, sin avanzar sobre la calidad de la atención, ni contemplar los derechos humanos. A su vez, la falta de información sobre los datos relativos a residencias geriátricas, impide a la ciudadanía hacer un seguimiento y control de situaciones de vulnerabilidad.

Puntualmente en la provincia de Córdoba no existe un registro público y de fácil acceso de residencias geriátricas habilitadas. Basta con leer en los medios de comunicación para encontrar variados casos de violencia institucional. Hay incendios, agresiones físicas, malas condiciones de vida y el Estado sigue ausente. Una mejor calidad de vida para las personas mayores equivale a más presupuesto y ni siquiera eso les garantiza un geriátrico con las condiciones básicas. Pensar que así como Ernesto, hay peores, no puedo entenderlo.

La feliz historia de mi abuela Nilda, la vieja empoderada, se cae a pedazos cuando pienso que hay personas mayores que no pueden vivir una vejez activa y plena. Necesitamos que el Estado tenga control y seguimiento sobre las residencias geriátricas, así como políticas públicas que hagan realidad el envejecimiento activo. Necesitamos exigir que se reconozca el derecho humano a vivir con dignidad. Y queremos que Ernesto también sea un viejo empoderado, porque junto a toda su generación, tienen el derecho a envejecer feliz.

Gracias abuela Nilda, por sumarte a esta campaña ♥

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